La polvorera:
estuche de carey, cuya tapa, al abrirse, muestra en su
reverso un diminuto espejo. Hay mujeres que, en momentos
determinados en un paréntesis de soledad enmedio
del bullicio de la calle, del trabajo o de la fiesta,
abren la cajita, se observan atentamente en el espejo
y con la ayuda de la borla de peluche perfumado reparan
los estragos que la vida ha causado en sus rostros. Un
repaso de polvos, un retoque de pintalabios y el contacto
suave y cálido del carey bastan para tomar aliento
y zambullirse de nuevo en el remolino del presente.
He aquí, entonces, un punto
de partida de este espectáculo: una enorme polvorera
de carey y espejo, descompuesta en ángulos rectos
y en perspectivas fugadas, donde las damas, las mujeres,
la mujer, se miran al espejo, se examinan, prueban,
una y otra vez, de retocar su aspecto, de disimular
el paso del tiempo, de encontrar la química
de la belleza y, por tanto, de la felicidad. De ahí su
preocupación por el maquillaje, por la elegancia
de las ropas y las pieles, por el brillo de los diamantes,
que concentran en unos pocos milímetros cúbicos
toda la perfección del Universo.
Todo parece indicar que la juventud
es una etapa destinada al fracaso de la vejez, que
el amor se acaba: sienten soledad compartida, que las
esperanzas conducen a la desesperación y la
vida a la nada... y a pesar de todo, ellas lo intentan,
una y otra vez lo intentan, reinventan el amor, esperan
el timbre del teléfono y la visita de alguien
que las amará, (esta vez de veras). Esperan
siempre. Orgullosas y humilladas. Siempre crispadas,
furiosas, lúcidas, hundidas, patéticas,
sublimes o lamentables, esperan, desesperan y nos arrancan
las risas de la boca como si nos arrancaran muelas
careadas; risas dolorosas, liberadoras, y con la raíz
sangrando.
Ellas esperan, y mientras esperan,
cantan. Cantan porque la música es la medida
más exacta de su sentimiento, pasan el arco
por las cuerdas tensadas del sistema nervioso y cantan
siguiendo las pulsaciones de su sangre y el ritmo de
sus emociones. Cantan, entonces, y con el corazón.
Y a veces, bailan, su baile es interno, personal y
feroz. Sus movimientos cotidianos explotan en repeticiones,
en empujones, en agresiones. Bailan sus tics, saltan
y se agitan y su danza no es ninguna búsqueda
de armonía formal, ni de belleza técnica.
Su danza grita y habla.
Porque este es un espectáculo
de mujeres, no sobre mujeres, ni contra ellas ni a
su favor. Simplemente es una mirada amarga y divertida
desde la parte femenina del mundo, allí donde
el sexo y los sentimientos se unen, se mezclan y se
confunden, desde la mujer que hay en todos nosotros.
Absolutamente en todos.
Y esto es lo que hay
.....
.....
Això és
el que hi ha (Just one of those
things)
Letra y Música: Cole Porter
Traducción y adaptación: Joan Lluís
Bozzo
2' 52" (520k)
Editada por Discmedi, SA Dip. Legal B-5-95
Disponible
en CD
|