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Crítica de la Sagrada Família

30·04·2010

Me gusta porque no tiene pretensiones pero si rigor. No pretende cambiar la historia de la televisión pero ofrece un producto muy digno, que puedes ver sin que se te caiga la cara de vergüenza, como -sin dejar TV3- sucede con Ventdelplá, y con tantas otras series en el resto de las cadenas.

Me gusta porque Biel Duran está espléndido. También está espléndido el actor que hace de su novio (Carles Martínez), y Jordi Bosch, y Anna Maria Barbany y Josep Torrents, madre del protagonista y padre de la protagonista. La protagonista, en realidad (Lluïsa Castell), borda su papel, y no puedo evitar pensar en aquella La ronda, de Schnitzler, en la que su cuol era el admirable protagonista del cartel.
Me gusta porque nada es obvio ni supuesto, porque hay matices, porque las actitudes de los más conservadores (Bosch, Torrents y Barbany en grados diversos) están tratadas con una sorna y una comprensión simétricas a la intransigencia que el hecho de que el niño (Biel Duran) es casi un hombre encontraría en ciertas casitas de la Feria de Abril de Sevilla, pongamos por caso. Dos de los totems del catecismo de la corrección ( gayeria y lesbianismo ) pasan por la criba del humor sin que nadie se ofenda, este tal y como nos enseñó Enredo en aquellos terribles años de la transición, donde aquí muchos fundamentalistas consideraban intolerable la más mínima broma sobre un
personaje homosexual.

Me gusta porque La sagrada familia tiene todos los papeles [a | en] regla, a diferencia de la otra, la que va con mayúsculas en las iniciales, que continúa construyéndose sin licencia de obras. Me gusta porque hasta el niño (Pol Hermoso) lo hace bien, a las antípodas de aquellos chiquillos horripilantes y de lengua inverosímil que aparecían en Majoria absoluta. Me gusta porque Bozzo, siendo el Bozzo de siempre (como debe ser), ironiza sobre su personaje, este Ramoneda gris del que se puede imaginar un pasado mas bien turbio. (Porque se llama Ramoneda, a propósito?) Me gusta la melena afro de Agnès Busquets, espectacular en esta época donde se supone que las melenas afro están desfasadas, y me gusta porque esto ayuda a definir su papel de medio tonto. Me gusta que, sentado frente al televisor, Jordi Bosch no mire más que documentales. Documentales de ballenas, de pingüinos, del bicho que sea.En el capítulo del lunes, antes o después de una referencia a Leda i al dios Zeus que se convirtió en cisne para violarla, el documental que Bosch miraba era de cisnes, y la voz en off hablaba de las tendencias promíscuas de estos pájaros de cuello largo. Bosch lo contemplaba con cara embobada, mientras su infiel esposa, Lluïsa Castell, lo escuchaba desde la puerta de la sala, a punto de ducharse. Y esto también me gusta, porque en La sagrada familia Lluïsa Castell se dutxa muy a menudo. Desde las novelas de Maria Mercè Roca ningún protagonista se había duchado tanto.

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